sábado, 21 de septiembre de 2013

Capítulo 5




Señora de Horny, madre de Brígida Horny. Portero de la calle  Ayacucho  al 1500. 15 de enero de  2013.  10:35  hs.:   ¿Cómo,  m´hijito? Yo no conozco a ningún Carlos Perez (sic). Deben ser los vecinos nuevos de arriba. Pregunte en el 2ºB.



Vecinos de la Señora de Horny, madre de Brígida Horny. Portero de la calle Ayacucho al 1500. 15 de enero de 2013. 10:36 hs.: (Nadie atiende el portero)



Aquí perdimos nuevamente el rastro de Carlos Tenenbaum. Todo parecía indicar que habíamos llegado a un callejón sin salida. La calle topando en la entrada de un edificio era una prueba irrefutable. Dimos media vuelta para probar mejor suerte en la dirección contraria cuando, al volver a pasar por la puerta del edificio de la calle Ayacucho al 1500, vimos al mismo Carlos Tenenbaum en cuerpo y alma –el alma no se la vimos, claro, es sólo un modo de decir– aprestándose a ingresar al inmueble. En su mano derecha llevaba un sobre de papel madera tamaño oficio repleto de papeles, en uno de cuyos lados pudimos leer: “Vox”. ¡Los manuscritos!, nos dijimos entusiasmados. Seguramente Carlos había viajado a Buenos Aires para llevar personalmente a la editorial los originales de su magna obra. Nuestro autor subió al ascensor, el cual se detuvo en el primer piso. Subimos por las escaleras y aguardamos en el rellano para averiguar de qué piso salía. La espera duró unas tres horas. A las 15 hs., Carlos salió del departamento 1ºB, el mismo donde vive la señora de Horny, sin los documentos. ¿Por qué dejaba su más preciada obra en la casa de su ex-suegra? ¿Y por qué la señora de Horny nos había ignorado, finjiendo que había escuchado mal el apellido de Carlos? Demasiados misterios. Bajamos corriendo para no perder de vista a don Tenenbaum. Esta vez no se nos escaparía. Tal fue el apuro, que tropezamos en el último tramo de la escalera y fuimos a parar a los pies de don Carlos, justo cuando éste salía del ascensor.



Carlos Tenenbaum. Saliendo del ascensor de la calle Ayacucho. 15 de enero de 2013: ¡Joven! ¿Qué hace por acá? Justamente lo anduve buscando antes de venirme a Buenos Aires y ahora me lo encuentro acá. Como no asistió a la cita en el bar “Los dos amigos” lo llamé tres veces por teléfono al número que me dejó pero nadie me atendió. ¿Que qué hago por aquí? Vine a visitar a mi madre.



La señora de Horny resultó ser la madre de Carlos Tenenbaum. El señor Horny no era otro que aquel Antonio pescador y cliente asiduo de la mercería que huyó con la madre de Carlos al sur. Los papeles que traía Carlos a su madre no eran los manuscritos de su obra, sino boletas que nuestro autor regresaba a su madre luego de haberlas pagado en un Rapipago de la vuelta. Los manuscritos no habían salido de Mendoza ni de los cuadernos azul Rivadavia numerados. Carlos Tenenbaum juzgaba que sus papeles no estaban aún listos para enviar a la editorial. La leyenda “Vox” en el sobre no era otra cosa que una errata cometida por la señora de Horny. Así llamó siempre Antonio Horny a la caja donde guardaba las boletas de su casa y su esposa no quiso perder la costumbre después de que aquél hubiera muerto. La madre de Carlos estaba casi sorda y cuando dijimos “Tenenbaum” escuchó “Perez”, o quiso escucharlo –quién sabe–, tal vez para renegar una vez más de su propio pasado. Brígida era la hermanastra de Carlos y habían tenido una relación medio incestuosa, desconociendo ambos que eran medio hermanos1.

El caso de los manuscritos perdidos fue resuelto. Nosotros volvimos a Mendoza en el vuelo de aquella misma tarde para terminar a tiempo el informe de nuestras investigaciones que saldrá en la primera edición de la revista Bolaño, de próxima aparición en los quioscos de diarios y revistas de nuestra provincia.

Justamente cuando nos aprestábamos a dar el caso por cerrado, recibimos una llamada de un tal Carlos –otro Carlos– que aseguraba poseer material importante sobre “un tocayo mío, sobre el que ustedes están investigando”. El tal Carlos aseguraba ser el albaceas literario de nuestro Carlos, nombrado por él mismo, en caso de que “algo llegara a sucederle”, como nos adelantó telefónicamente. Había conocido al maestro por intermedio del “dotor”, con quién había cursado estudios universitarios en la UNC. Según Carlos Altamirano –como aseguraba llamarse–, Mauricio había dejado su Valle de Uco natal para instalarse en la city mendocina, porque sabía que en la Facultad de Filosofía y Letras podía especializarse en marxismo como en ningún otro lugar del país. La institución había concitado todas las miradas del izquierdismo académico desde que el Coronel Bondiola, quien era un reconocido especialista en la Revolución Cubana, había asumido la cátedra de Movimientos Sociales Contemporáneos. Así mismo, el Cabo Primero Ordoñez, otra eminencia dentro de la izquierda revolucionaria, se había hecho cargo de la cátedra “Movimientos milenaristas medievales”. Como se quedaba sin crédito, Carlos nos prometió seguir contándonos en su casa todo lo que sabía sobre Tenenbaum, su círculo íntimo de amigos y su obra.




1El “Filósofo en pantuflas” nos aclara que se trataría de un “medio incesto en-sí”, aunque no “para-sí” (Nota de la sección Misceláneas).

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