Señora
de Horny, madre de Brígida Horny. Portero de la calle Ayacucho al
1500. 15 de enero de 2013. 10:35 hs.: ¿Cómo, m´hijito? Yo no conozco a ningún Carlos Perez (sic). Deben
ser los vecinos nuevos de arriba. Pregunte en el 2ºB.
Vecinos
de la Señora de Horny, madre de Brígida Horny. Portero de la calle Ayacucho al 1500. 15 de enero de 2013. 10:36
hs.: (Nadie
atiende el portero)
Aquí perdimos nuevamente el
rastro de Carlos Tenenbaum. Todo parecía indicar que habíamos
llegado a un callejón sin salida. La calle topando en la entrada de
un edificio era una prueba irrefutable. Dimos media vuelta para
probar mejor suerte en la dirección contraria cuando, al volver a
pasar por la puerta del edificio de la calle Ayacucho al 1500, vimos
al mismo Carlos Tenenbaum en cuerpo y alma –el alma no se la vimos,
claro, es sólo un modo de decir– aprestándose a ingresar al
inmueble. En su mano derecha llevaba un sobre de papel madera tamaño
oficio repleto de papeles, en uno de cuyos lados pudimos leer: “Vox”.
¡Los manuscritos!, nos dijimos entusiasmados. Seguramente Carlos
había viajado a Buenos Aires para llevar personalmente a la
editorial los originales de su magna obra. Nuestro autor subió al
ascensor, el cual se detuvo en el primer piso. Subimos por las
escaleras y aguardamos en el rellano para averiguar de qué piso
salía. La espera duró unas tres horas. A las 15 hs., Carlos salió
del departamento 1ºB, el mismo donde vive la señora de Horny, sin
los documentos. ¿Por qué dejaba su más preciada obra en la casa de
su ex-suegra? ¿Y por qué la señora de Horny nos había ignorado,
finjiendo que había escuchado mal el apellido de Carlos? Demasiados
misterios. Bajamos corriendo para no perder de vista a don Tenenbaum.
Esta vez no se nos escaparía. Tal fue el apuro, que tropezamos en el
último tramo de la escalera y fuimos a parar a los pies de don
Carlos, justo cuando éste salía del ascensor.
Carlos
Tenenbaum. Saliendo del ascensor de la calle Ayacucho. 15 de enero de
2013: ¡Joven!
¿Qué hace por acá? Justamente lo anduve buscando antes de venirme
a Buenos Aires y ahora me lo encuentro acá. Como no asistió a la
cita en el bar “Los dos amigos” lo llamé tres veces por teléfono
al número que me dejó pero nadie me atendió. ¿Que qué hago por
aquí? Vine a visitar a mi madre.
La
señora de Horny resultó ser la madre de Carlos Tenenbaum. El señor
Horny no era otro que aquel Antonio pescador y cliente asiduo de la
mercería que huyó con la madre de Carlos al sur. Los papeles que
traía Carlos a su madre no eran los manuscritos de su obra, sino
boletas que nuestro autor regresaba a su madre luego de haberlas
pagado en un Rapipago de la vuelta. Los manuscritos no habían salido
de Mendoza ni de los cuadernos azul Rivadavia numerados. Carlos
Tenenbaum juzgaba que sus papeles no estaban aún listos para enviar
a la editorial. La leyenda “Vox” en el sobre no era otra cosa que
una errata cometida por la señora de Horny. Así llamó siempre
Antonio Horny a la caja donde guardaba las boletas de su casa y su
esposa no quiso perder la costumbre después de que aquél hubiera
muerto. La madre de Carlos estaba casi sorda y cuando dijimos
“Tenenbaum” escuchó “Perez”, o quiso escucharlo –quién
sabe–, tal vez para renegar una vez más de su propio pasado.
Brígida era la hermanastra de Carlos y habían tenido una relación
medio incestuosa, desconociendo ambos que eran medio hermanos1.
El caso de los manuscritos
perdidos fue resuelto. Nosotros volvimos a Mendoza en el vuelo de
aquella misma tarde para terminar a tiempo el informe de nuestras
investigaciones que saldrá en la primera edición de la revista
Bolaño, de próxima aparición en los quioscos de diarios y revistas
de nuestra provincia.
Justamente cuando nos
aprestábamos a dar el caso por cerrado, recibimos una llamada de un
tal Carlos –otro Carlos– que aseguraba poseer material importante
sobre “un tocayo mío, sobre el que ustedes están investigando”. El
tal Carlos aseguraba ser el albaceas literario de nuestro Carlos,
nombrado por él mismo, en caso de que “algo llegara a sucederle”,
como nos adelantó telefónicamente. Había conocido al maestro por
intermedio del “dotor”, con quién había cursado estudios
universitarios en la UNC. Según Carlos Altamirano –como aseguraba
llamarse–, Mauricio había dejado su Valle de Uco natal para
instalarse en la city mendocina, porque sabía que en la Facultad de
Filosofía y Letras podía especializarse en marxismo como en ningún
otro lugar del país. La institución había concitado todas las
miradas del izquierdismo académico desde que el Coronel Bondiola,
quien era un reconocido especialista en la Revolución Cubana, había
asumido la cátedra de Movimientos Sociales Contemporáneos. Así
mismo, el Cabo Primero Ordoñez, otra eminencia dentro de la
izquierda revolucionaria, se había hecho cargo de la cátedra
“Movimientos milenaristas medievales”. Como se quedaba sin
crédito, Carlos nos prometió seguir contándonos en su casa todo lo
que sabía sobre Tenenbaum, su círculo íntimo de amigos y su obra.
1El
“Filósofo en pantuflas” nos aclara que se trataría de un
“medio
incesto en-sí”, aunque no “para-sí” (Nota de la sección
Misceláneas).
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