martes, 10 de septiembre de 2013

Prefacio, advertencia y capítulo 1



a Laura



Prefacio-manifiesto del Colectivo Bolaño


Somos un grupo de poetas que hemos decidido fundar la revista "Bolaño", de pronta aparición en nuestra provincia. Además del hecho de considerarnos poetas, nos une una incondicional veneración por el gran poeta chileno-mexicano-español Roberto Bolaño, como nuestros más perspicaces lectores ya habrán deducido. Algunos de nosotros escribimos, otros pintamos o tocamos algún instrumento. Pero la mayoría1 no hacemos nada de eso. Porque nada de eso es suficiente para ser considerado poeta. Es más, nada de eso siquiera es necesario. Ser poetas, para nosotros no es nada de eso, es más bien un modus vivendi. Tenemos las ocupaciones más diversas, ora escritor, ora pintor, ora músico, ora nada de eso. Hemos decidido ser poetas porque el mundo nos parece insuficiente e insatisfactorio. El poeta es alguien que se rebela frente a lo dado. Poeta es quien recrea, a su manera, el mundo después de haberlo juzgado insuficiente e insatisfactorio. Poeisis es acción.




Advertencia preliminar: al Lector-hembra


Basten las palabras precedentes como introducción y pasemos, pues, al tema que nos ocupará, a mí y a partir de ahora como escritor-macho que asume un rol activo de erasta; a tí de lector-hembra o erómeno, querido Lector. Lector, mi semblante, déjate cortejar por las palabras que prepararé diligentemente para tí, déjate seducir por el calor de mi aliento erizando los pelos de tu nuca. Lector, mi semblante vuelto de espaldas, hazte cómplice de mis fantasías narcisistas, que yo procuraré colmarte de placeres que nunca antes habrás experimentado, porque será como dármelos a mí mismo. Entraré cautelosamente en las entrañas de tu alma, con el lubricante natural de la metáfora. Ya desde tu interior sacudiré las aguas dormidas de una vida sacrificada en el altar de la costumbre y la rutina. No temas, oh Lector, que una verba abundante contamine tu pureza interior, pues no me son ajenas las artes amatorias de Onán, y antes de que puedas arrepentirte de haberte dejado seducir por quien esto escribe, acabaré este relatus interruptus.




I


Para el primer número de nuestra futura revista, nos hemos propuesto escribir una nota sobre quien es actualmente, y a nuestro parecer, el máximo exponente de las letras mendocinas contemporáneas: Carlos Tenenbaum, nacido en 1942 en Alemania y mendocino por adopción. Sus padres lo adoptaron cuando Carlos tenía seis meses y aún no se llamaba así. Dos años después –luego de un par de viajes de reconocimiento a la región cuyana– decidieron afincarse definitivamente en el departamento de Godoy Cruz. 

Nuestro autor está pronto a lanzar al mercado editorial local su opus literae nº1, fruto de 35 años de una labor interrumpida en el campo de las letras, que el maestro comenzó allá en sus años mozos por 1978, cuando trabajaba como maître en el bar "Los dos amigos", y que se vio en la necesidad de postergar varias veces a lo largo de su vida, siempre por motivos de índole estríctamente ocupacional. Por vez primera, a causa de su comprometida y recordada participación en el mundial de fútbol de ese mismo año como cocacolero de la tribuna popular visitante del Estadio Malvinas Argentinas, circunstancia ésta que lo privó de las ya escasas horas de las que disponía para escribir. Sus años mozos terminaron en 1979, cuando por problemas con la patronal se vió obligado a abortar prematuramente su prometedora carrera en el rubro gastronómico para ayudar por las mañanas en el negocio de su madre, una mercería de la calle Pellegrini al 1200, y, por las tardes, en la carnicería de su padre, que funcionaba al frente de la casa que la familia habitaba por aquel entonces en la esquina de Bernardo O'Higgins y Carlos Pellegrini de Godoy Cruz. Y ésta fue la segunda ocasión en la que nuestro éxito editorial en potencia tuvo que postergar la redacción de sus manuscritos. Cada vez que la necesidad apremiaba, Carlos Tenenbaum se veía en la obligación de multiplicar sus esfuerzos laborales y dejar momentáneamente de lado su proyecto literario hasta que las penurias económicas amainaran. A pesar de los muchos obstáculos que tuvo que sortear en su vida, Carlos Tenenbaum no cejó jamás en su empeño por continuar su obra. Por más que su materialización se viera varias veces aplazada, la decisión se mantuvo siempre firme en su cerebro.

Parece ser que el trabajo en la mercería era mucho más adecuado a su sensible naturaleza de hombre predestinado a las letras, que el duro oficio de carnicero. Sin embargo, durante los cuatro primeros meses, no hizo distingos en su dedicación a una y otra actividad. Cada tarde, el joven Tenenbaum de 37 años, hacía de tripas corazón y poco a poco fue aprendiendo a amar el noble oficio de carnicero que heredó de su padre. Pero como el trabajo en la mercería le dejaba cada vez más dividendos –la clientela de la mercería había aumentado de manera exponencial en aquellos cuatro primeros meses en los que Carlitos se iniciaba en las artes de su madre– poco a poco fue desatendiendo las faenas sanguinolentas en el local de su padre, para terminar dedicándose full time al negocio materno. La intención de Tenenbaum en aquel entonces era trabajar duro durante un par de meses en la mercería para poder así juntar una suma de dinero que le permitiera dedicarse por uno o dos años a terminar su libro, aunque ello implicara adoptar un estilo de vida espartano para estirar esa pequeña fortuna lo más posible.

Pero sus proyectos resultaron frustrados una vez más cuando, en 1980, nuestro héroe trágico de las letras hubo de sufrir nuevamente –por tercera y antepenúltima vez– los avatares del destino, que parecía haberse ensañado con él y su profundo deseo de ser alguien en el universo literario. Tal animadversión del hado hacia él puedo ser ya sospechada por el mismo Carlos –y luego confirmada por las artes adivinatorias de su padre– aquella fatídica y fría mañana del 19 de junio de 1980 en la que halló sobre el mostrador de la mercería una nota de puño y letra de su madre que decía: 


“Carlitos: me marcho al sur con Antonio. Tenemos el proyecto de embarcarnos juntos en un buque pesquero y dedicarnos a la pesca (sic) de centolla en los mares del sur. Antonio me ha hablado mucho de las auroras boreales (sic) y de su pasión por la pesca. Tanto me ha hablado que ya no concibo una vida sin él, sin auroras boreales y sin una caña de pescar entre mis manos. Espero que sepas entender que lo hago por mi propia felicidad (sic). Hacete cargo vos solo de la mercería y cuidá de tu papá. En el segundo cajón te dejo las escrituras del local a tu nombre. Feliz cumpleaños, Carlitos. Te quiere, Mamá”.


1Vale decir, tres de cuatro miembros plenos.

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